Nuestra historia empieza en 0
Mateo y Joaquín
01 Quién es quién
Joaquín
Soy Joaquín Juárez Rovetta y tengo 21 años.
Siempre fui muy analítico. Me gusta medir, ponerme objetivos y marcar unos rieles para alcanzarlos y mejorar todo el tiempo.
Eso hoy se nota en cómo funciona Cero todos los días.
Pido mucho consejo, escucho mucho y aprendo mucho de los demás.
Muchas cosas que tiene el sistema salieron de sentarme a tomar un café con gente de rubros que no tienen nada que ver con este. Siempre me dejaron algo que necesitaba para mejorar el sistema y nuestra forma de trabajar, y lo voy aplicando.
Mateo
[Acá se presenta Mateo, con sus palabras: nombre, edad y algo que lo describa.]
02 Algo nuestro
Mateo
Cuando volví de Estados Unidos tenía muchas ganas de hacer algo mío.
Estaba seguro de que podía, pero no tenía un rumbo claro.
Empecé a meterme cada vez más en tecnología, inteligencia artificial y automatizaciones. Veía lo que otros estaban construyendo y quería probar qué podíamos hacer nosotros.
En ese tiempo entré a trabajar en una financiera. Duré unos meses.
Me sentía encerrado, pasando ocho horas por día en algo que no era mío.
Les escribí a Joaquín y a un amigo para contarles algunas ideas y nos pusimos a trabajar.
Hicimos proyectos para distintos negocios. Uno fue un bot para una marmolería que leía las facturas de los proveedores y las cargaba solo en una planilla.
Habíamos hecho algo útil, pero seguíamos sin saber hacia dónde queríamos llevarlo.
03 De cuatro a dos
Joaquín
Después me fui a Estados Unidos y aquel primer proyecto, en el que éramos cuatro, terminó separándose.
Con Mateo queríamos seguir haciendo cosas juntos.
Pasamos horas en llamada, yo allá y él acá.
Mateo estaba cansado de llamar a negocios, de insistir y de escuchar que no.
O peor: de que alguien se mostrara interesado, le hiciéramos una demo y todo terminara en la nada. Eran horas y horas de trabajo que se iban a la basura.
Tenía razón, pero yo veía otra cosa.
No estábamos equivocados de rubro: estábamos equivocados en qué construíamos y en cómo lo contábamos. No les estábamos haciendo a los dueños de pymes lo que de verdad buscaban.
Él pensó en armar algo de comercio electrónico. Yo ya había pasado por la reventa de productos y sabía que no quería volver ahí.
Lo que sí tenía claro era que quería seguir con Mateo, aprovechar este momento de la inteligencia artificial y del análisis de datos, y darles esa ventaja a los dueños de negocios.
Sentía que de ahí iba a salir algo.
Empecé a desarrollar un bot para buscar productos entre los proveedores de una repuestera de motos.
Algunos tenían listas de precios fáciles de consultar; en otros había que ir página por página y producto por producto.
Quería que alguien pudiera buscar lo que necesitaba y comparar precio y disponibilidad sin revisar a mano decenas de lugares.
Avanzamos mucho, pero también vimos lo difícil que era mantener una herramienta así y el límite del problema que resolvía.
04 Salir a vender sin saber qué
Mateo
Mientras Joaquín trabajaba en ese bot, yo probaba otras formas de llegar a los negocios.
Intenté ofrecer páginas web a medida a locales que no tenían una. No vendimos ninguna.
Antes había llamado a decenas de empresas y había salido en auto durante varios días para mostrar lo que hacíamos.
Conseguía alguna conversación, alguna pregunta, pero nada concreto.
Era difícil salir a vender cuando ni nosotros sabíamos bien qué empresa queríamos construir.
05 El nombre
Mateo
Una tarde, mientras trabajábamos en el bot de la repuestera, había que ponerle un nombre.
Pensé en 0.
Para mí era un punto de partida: desde cero podían empezar a conectarse muchas cosas. Era simple, fácil de recordar y no nos ataba a una sola función.
El bot no terminó siendo nuestro producto, pero el nombre se quedó con nosotros.
Joaquín
Primero nació el nombre; la marca vino después.
El logo lo hice yo.
06 Una imagen en la cabeza
Joaquín
Yo tenía una imagen en la cabeza, aunque todavía no supiera cómo llegar a ella.
Me imaginaba sentado a la mesa con los dueños de una empresa, entendiendo sus problemas, mirando información que antes no podían ver y pensando juntos qué hacer.
Tenía claro qué les íbamos a aportar: ordenar sus datos, analizarlos y usar la inteligencia artificial para interpretar muchísima información, para que cada decisión fuera una decisión informada.
Muy pocos dueños de pymes trabajaban así.
Sabía el qué, no el cómo: ni siquiera sabía si iba a ser un sistema. Pero sabía dónde teníamos que estar.
Por eso insistí en reunirnos con Lucas, uno de los socios de la marmolería con la que ya habíamos trabajado.
Él tenía ideas, pero yo no quería pasar meses desarrollando otro producto para recién después descubrir si le servía a alguien.
Quería escuchar, entender el negocio y construir a partir de eso.
07 El café · Miércoles 6 de mayo de 2026
Joaquín
El 6 de mayo de 2026 Lucas nos invitó a tomar un café.
Era miércoles y teníamos clase en la facultad. Faltar podía complicarnos la cursada, pero sentí que teníamos que ir.
Convencí a Mateo y fuimos.
Mateo
Para mí, al principio, era una reunión más para conversar. No iba pensando que ese día íbamos a encontrar nuestro camino.
Lucas nos contó que en la marmolería usaban distintos sistemas para presupuestar, facturar y organizar el trabajo.
Quería poder seguir lo que pasaba de principio a fin y que cada persona registrara su parte.
Ahí apareció un problema concreto al que podíamos dedicarle todo. Decidimos apostar por eso.
Joaquín
Le dijimos que podíamos construir el sistema con ellos, mientras íbamos entendiendo lo que necesitaban.
Eso fue importante para mí: no teníamos todo definido desde el primer día, ni queríamos fingir que conocíamos una marmolería mejor que quienes trabajaban ahí.
08 Construirlo adentro
Mateo
A mí me tocó armar las conexiones técnicas para poner en marcha algo que todavía no existía.
Había herramientas que no sabía usar y procesos del negocio que no entendía.
La inteligencia artificial ayudaba, pero igual teníamos que investigar, probar y resolver cada problema.
Al principio creo que prestamos demasiada atención al diseño y no suficiente a algunas funciones que hacían falta. Con el tiempo nos fuimos acomodando.
Joaquín
Pasamos cada vez más tiempo en la marmolería.
Veíamos cómo se hacía el trabajo, dónde se perdía información, qué necesitaba cada persona y qué ideas nuestras no funcionaban como habíamos imaginado.
Si hoy miramos las primeras imágenes del sistema y las comparamos con las actuales, parecen productos distintos.




Cambiaron porque nosotros aprendimos a mirar mejor.
09 Nueve horas hasta Tancacha
Joaquín
Seguimos trabajando así.
Para conocer a La Puntual viajamos nueve horas en auto hasta Tancacha y pasamos cuatro días con su equipo.


Compartimos el trabajo, conversaciones y un asado.

Entender de cerca su taller y su producción nos abrió problemas nuevos para resolver.
10 Hoy
Mateo
Hoy siento que conocemos muy bien los procesos y los dolores de una marmolería.
Cuando aparece un problema, muchas veces ya lo vimos antes o tenemos una idea de por dónde empezar.
Esa especialización es una parte enorme de lo que construimos.
Joaquín
El 25 de julio se sumó Facundo. Vive en Texas y estudia allá.

Durante mucho tiempo nos dedicamos a ordenar y mejorar formas de trabajar que ya existían.
Recién ahora empezamos a vivir eso que yo imaginaba: sentarnos a conversar sobre cómo podrían hacerse las cosas de otra manera.
Estamos pensando con nuestros clientes en la optimización de planchas, nuevas formas de presupuestar y mejores conexiones entre el sistema y el taller. Todavía hay muchísimo por hacer.
Mateo y Joaquín
Así nació Cero: de proyectos que funcionaron, otros que no, conversaciones que nos cambiaron el rumbo y muchas horas compartidas con las personas para las que construimos.
Hoy seguimos empezando por lo mismo: ir, escuchar, entender cómo trabajan y crear con ellas lo que necesitan para avanzar.